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La vida no me da

Si responder “muy ocupado” se ha convertido en tu forma habitual de presentarte, quizá este artículo sea para ti.


Hace unas semanas, Microsoft publicó uno de los estudios más grandes sobre cómo trabajamos hoy. Analizaron miles de millones de señales de productividad y encontraron algo inquietante: El trabajador promedio es interrumpido aproximadamente cada dos minutos por un correo, un mensaje, una reunión o una notificación. El estudio bautizó este fenómeno como The Infinite Workday, el día laboral infinito.



Creo que muchos mandos intermedios no necesitaron leer el informe para saber que existía. Lo viven todos los días.


La dirección les pide resultados, el equipo les pide apoyo, los clientes les piden respuestas y el calendario les recuerda cada media hora que ya deberían estar en otro lugar. Llegan al final del día con la sensación de no haber parado un segundo… y, al mismo tiempo, de no haber avanzado en lo realmente importante.


Hace casi dos mil años, Séneca escribió:

No es que tengamos poco tiempo, es que desperdiciamos mucho.

Solemos leer la frase como un consejo para administrar mejor la agenda. Yo creo que habla de algo mucho más profundo: la atención porque el problema rara vez es que nos falte tiempo, digo, en teoría trabajamos 168 horas al mes y eso debería alcanzar. El problema es que cada interrupción nos obliga a empezar de nuevo. Y un líder que nunca logra pensar con profundidad termina viviendo en modo reacción. Atiende todo, pero dirige poco.


Nos has escuchado mil veces decir que los estoicos insistían en distinguir entre lo que depende de nosotros y lo que no.


Hoy esa idea podría traducirse en ¿cuántas de las cosas que llenaron tu agenda esta semana realmente necesitaban tu presencia?

No cuántas estaban agendadas. Cuántas eran verdaderamente indispensables.


Cuando alguien dice que “la vida no le da”, suelo pensar que la vida sí alcanza. Para lo que no alcanza es para decirle que sí a todo. Cada reunión aceptada es tiempo que deja de existir para pensar. Cada urgencia atendida es espacio que renunciamos a dedicar a lo importante. Cada “sí” tiene un costo, aunque casi nunca aparezca en el calendario.


Quizás el lujo más escaso del liderazgo ya no sea disponer de más presupuesto ni de más personas. Quizás sea algo mucho más simple, tener una hora sin interrupciones para pensar. Y eso, paradójicamente, puede ser una de las decisiones más productivas que un líder tome en toda la semana.

 
 
 

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